20.- El monje errante

Naren sentía una gran atracción por los cocheros que conducían los grandes carruajes tirados por caballos que había en esa época. Le gustaban mucho los uniformes que vestían, con sus vistosos turbantes y sus látigos que restallaban en el aire.

  Pero los que más le gustaban eran los monjes errantes, hombres que dedican su vida a Dios y que recorren las calles mendigando su alimento. Solía decir que cuando fuera mayor se haría monje errante, o sadhu como se dice en la India, y que recorrería todos los caminos de su patria. Como era un niño muy generoso corría a darles algo cuando alguno de ellos pasaba por su casa. 

En la página siguiente les contamos de sus encuentros con los sadhus.

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