22.- Naren y su vida espiritual

A pesar de que todavía era muy chico, a Naren lo hacía muy feliz parar un poco con sus juegos y bromas y retirarse un rato para pensar en Dios.

Un día, él y uno de sus amiguitos subieron hasta un pequeño cuarto que había en la terraza. Allí colocaron una imagen religiosa, la adornaron con flores, cerraron la puerta con llave y se sentaron a rezar.

Después de un largo rato, la familia se dio cuenta de que Naren no estaba, y comenzaron a buscarlo por todas partes. Finalmente llegaron a la terraza y encontraron el cuartito cerrado con llave. Llamaron, pero nadie respondió. Entonces, asustados y temiendo que le hubiera pasado algo malo al pequeño Naren, forzaron la puerta. Cuando entraron vieron que uno de los chicos, Naren, estaba sentado, con sus ojos cerrados y profundamente concentrado en la idea de Dios. En cambio, el otro niño, acostado, dormía a pata suelta.


Otra vez, mientras meditaba con sus compañeritos, apareció una cobra. Los chicos, aterrorizados, comenzaron a gritar, avisándole a Naren para que se escapara de la venenosa serpiente. Pero Naren no los escuchó y siguió meditando. La cobra se quedó un rato y luego reptó hacia otro lugar. Cuando le preguntaron por qué no se había escapado, Naren respondió: "Yo no sabía nada de la serpiente ni de ninguna otra cosa. ¡Era muy feliz en esos momentos!".

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